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This article was written on 29 may 2013, and is filled under Cine, Comunicación.

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Escribir en caliente: la historia del linotipo

fábrica linotype
Las grandes revoluciones tecnológicas han llegado a nosotros junto a la memoria de sus autores. Nos enseñan que debemos a Alexander Fleming la existencia de los antibióticos y a Thomas Edison la del alumbrado eléctrico. Quizás algún día mantearemos a Peter Higgs por la revelación del origen del Universo, la gran incertidumbre de la raza humana. Pero por el camino también se han quedado los nombres de personas que contribuyeron a mejorar nuestras vidas y luego fueron esquinadas por la Historia. Uno de esos revolucionarios silentes fue Ottmar Mergenthaller, el inventor del linotipo.

Como se sabe, Gutenberg ideó a mediados del siglo XV el primer método verdaderamente eficaz para la impresión de textos -al menos mucho más que el xilograbado que venía utilizándose desde antiguo-. Tan bueno fue el invento, que sus máquinas de tipos móviles perduraron durante siglos, incorporando apenas leves modificaciones. Gracias a estos artilugios, la cultura y el conocimiento dejó de ser un coto cerrado para monjes, reyes y nobles. Por no hablar de las tendinitis que se ahorraron los escribanos. Sin embargo, con el tiempo este sistema mostró sus limitaciones ante el desarrollo del sector de la información en el siglo XIX.

Cajistas del New York Times

Cajistas del New York Times componiendo textos letra a letra con tipos móviles de plomo

Las primeras máquinas tipográficas exigían que la composición de los textos fuese manual; un proceso tedioso y lento cuando se trataba de reproducir un libro o un periódico. A pesar de contar con un ejército de trabajadores –cajistas sobre todo-, los grandes diarios no daban abasto. Había demanda social, pero la tecnología no acompañaba. Durante décadas, las expectativas económicas alentaron a muchos ingenieros a buscar un sistema que permitiese la mecanización del proceso de composición de textos. El escritor Mark Twain llegó a invertir su fortuna (y la de su mujer) -un total de 300.000 dólares (casi 4,5 millones de euros actuales)- en el desarrollo de la “Paige Compositor”. Resultó un fiasco y se arruinó.

paige compositior

Paige Compositor. El invento fallido en el que Mark Twain invirtió su fortuna

 

El documental “Linotype” (2012)  -que me recomendó hace poco uno de los fundadores del taller de letterpress Familia Plómez- explica de forma muy didáctica en qué consistían los artilugios que antecedieron al linotipo, a los que por cierto no hay que restar mérito, porque uno a uno condujeron a la solución final.

El momento ¡eureka! llegó en 1886 de la mano de un relojero de origen alemán llamado Ottmar Mergenthaller. La clave del éxito estaba en utilizar moldes de letras individuales para la creación instantánea de líneas de texto mediante la fundición de metal. De forma muy esquemática, digamos que al escribir sobre el teclado el operario pone en marcha un complejo sistema de engranajes, palancas y rieles que deriva en la producción de un bloque metálico con el texto invertido en relieve, listo para entintarse y traspasarse al papel. Escritura en caliente a 300 grados ¿Se puede molar más?

Einstein linotype

Einstein también estaba encantado con el linotipo


Sinfonía de metal

El documental explica muy bien el funcionamiento de este prodigio mecánico y nos da la oportunidad de escuchar la sinfonía cacofónica que emiten los distintos elementos del linotipo cuando están a pleno rendimiento. A algunos les parecía molesta –de hecho muchos de los operarios que contrataban los periódicos eran sordos- pero a los frikis (entre los que me incluyo yo misma) les fascina.

El éxito del linotipo fue inmediato y tuvo enormes consecuencias sociales, culturales y económicas. Las primeras para la propia empresa Linotype, que alcanzó beneficios millonarios gracias a la proliferación de sus máquinas en todo el mundo. El impacto en la industria editorial se tradujo en un aumento exponencial de la producción de libros y revistas y en un mayor nivel de alfabetización de la sociedad, pero me parece casi más interesante su contribución al desarrollo del periodismo.

Herald linotipia

Sala de composición del New York Herald cuando ya operaban con linotipia

Al multiplicar por seis la velocidad a la que se componían los textos, los periódicos cambiaron en forma y contenido. Pasaron de llevar 8 páginas a 48, y de repente podían permitirse imprimir más de una edición al día, según dictase la actualidad. Al contar con más espacio, las noticias comenzaron a tratarse con más profundidad, y tomaron fuerza los titulares más largos e interpretativos. Todo ello alimentó el interés del público por la prensa. Por otra parte, el precio de los periódicos bajó en Estados Unidos de quince a un centavo. Una revolución con todas las letras.

tecleando en linotipia

Los linotipos se fabricaban con 90 teclas. Las minúsculas se situaban en la izquierda, las mayúsculas en la derecha, y el resto de signos en el centro

El reinado de los linotipos en la industria periodística perduró durante ocho décadas. Aunque las primeras fotocomponedoras aparecieron en los años cincuenta, el New York Times imprimió su última edición en caliente en 1978.  Comenzó la era digital y acabó el baile analógico de máquinas y hombres.

Para que no todo quede en un alegato nostálgico, hay que reconocer que, al liberarse de las rigideces del metal, las artes gráficas tuvieron más terreno para su desarrollo. De hecho, hoy en día la principal línea de negocio de la empresa Linotype es el diseño de tipografías.

Las máquinas de Mergenthaller forman parte de casi todos los museos de imprenta del mundo, pero su verdadero legado pervive gracias a unos pocos individuos empeñados en mantener los linotipos en activo.  The Wapsipinicon Almanac -publicación realizada desde la población rural de Anamosa (Iowa)- y Firefly son dos de ellos. En España, los revitalizadores del letterpress (aunque sin linotipos) son Oficio, Industrias Lentas y Obsolete Letterpress en Valencia; Familia Plómez en Madrid; La Granja Gráfica en Barcelona y El Calotipo en Zaragoza. Mis disculpas si me he dejado alguna.



One Comment

  1. jesus rendon vallejo
    1 noviembre, 2014

    mi padre zeferino rendon soto, trabajo como linotipista en el periodico elheraldo de saltillo en la epoca de 1958 -pocos recuerdos tengo de su funcionamiento pero despues me toco verlos en 1975 en el peridico el coahuilense, es un arte el mecanismo del lintotipo , aun recuerdo el ruido que producia al intercalare sus lineas y la caida de los lingotes de plomo formando los textos que despues pasaban a ser columnas, saca pruebas para correguir posibles errores, formatoe impresion facinante la manera de hacer periodicos en esas epocas-

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